17 de julio de 2007

La Curva de los Novios

Buenas, discupad el testamentaco. Es un fragmento relatero que me salió esta semana.

Para los interesados la curva de los novios existe realmente, pero casi hay que coger ticket...

Un saludo

Él trabajaba en una fábrica de puertas de ascensor. Raro era el día en el que, con las extras, trabajaba menos de diez horas. Ella dejó de lavar cabezas cuando estaba embarazada de la pequeña, y ahora se dedicaba a cuidar a la niña que, como ella misma solía decir, ya era suficiente trabajo.
–Una cosa tan pequeña y la faena que da- repetía Yolanda a quien estuviese presente mientras jugaba con las piernecitas del bebé tras cambiarla el pañal o mientras la secaba del baño.
–Le encanta chapotear, si vieses como me puso el cuarto de agua ayer mismo. Es la única manera de que se quede tranquila, ahora le doy el biberón y cae redonda antes de acabárselo- contaba a las visitas vespertinas. Raro era el día que, aparte de su madre, no pasaban a visitarla antiguas clientas, alguna vecina o la prima de Manuel.

Era la suya una de esas casas nuevas, con gotelé en las paredes, láminas de paisajes en estrechos marcos y un tresillo color salmón en el salón. Yolanda fue siempre partidaria de la pared lisa, pero tratándose de un piso de protección oficial nunca comentó nada y se mostró encantada desde el principio con la vivienda que les asignaron, dadas las buenas condiciones en las que lo consiguieron. Sin embargo Manuel nunca llevó bien el no tener un cuarto extra para sus cosas, ya que desde el principio reservaron el otro dormitorio para los niños que viniesen, y sólo durante algo menos de un año la habitación sirvió como cuarto de la plancha, trastero eventual y gimnasio improvisado.
Por esa razón, las maquetas de avionetas antiguas a las que Manuel era tan aficionado adornaban las baldas más altas del cuarto de estar, e incluso en la cómoda del dormitorio podían verse dos de sus más preciadas. Desde casados tuvo que dejar su afición algo más que apartada, y es que tanto la entrada del piso como la boda dejaron una economía familiar algo más que apretada, y que una vez nacida la niña acabó definitivamente con todo gasto excepcional que no tuviese justificación.

Yolanda y Manuel se querían, lo sabían y además estaban dispuestos a ser tan felices como el día a día y las circunstancias les permitiesen.

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A la curva de los novios se llegaba por la antigua carretera, y quedaba muy cerca de la autovía, flanqueada a ambos lados por terrenos de cultivo. Se llamaba así porque unos recién casados se mataron allí en pleno viaje de novios, allá por los años setenta.
Sus familias les construyeron allí una especie de mausoleo muy sencillo con una lápida que recordaba sus nombres y una especie de jardín silvestre y abandonado con un par de arbolitos, donde por Mayo las flores que nacían daban algo color haciendo el lugar algo menos agreste y abandonado. El escaso recinto estaba rodeado en su totalidad por un cercado de maderos y obra.

Con la construcción de la autovía la antigua carretera pasó a convertirse en una vía de servicio y zona de paso agrícola. Desde entonces el rincón apenas puede verse unos segundos desde la nueva vía, en caso de conocer la ubicación, dada la mayor velocidad de los coches y el terreno inclinado. Sólo los lugareños siguen recordando la historia, y mencionan con tal nombre al paraje.
El lugar se había venido convirtiendo desde años atrás en el lugar ideal de retiro nocturno para algunas jóvenes parejas deseosas de encontrar un refugio en que, no poseedores de lugar mejor que un coche, llevar a cabo sus encuentros furtivos ajenos a miradas curiosas y más molestias de las forzosas.

(tubí continuí)

3 comentarios:

mc clellan dijo...

Te lanzo unos dados. ¿Te animas?

El Deportista Marmolista dijo...

bien brenda, pero que sepas, que los chocos con leche, siempre ... xDDD


Se trata de escuchar las canciones, se trata de eso :P

gonza se escribe con h dijo...

buena narrativa en la última entrada.

muy linda primo.

esperando a la siguiente entrega ansioso.