3 de mayo de 2009

Madre no hay más que una.



Hoy voy a hablaros de una madre que deja a todos esos padrastros alcohólicos que dejan a sus criaturas en una camioneta al sol en el parking de un prostíbulo durante horas a la altura de Supernanny.





Resuelto a quitarme este tono cetrino de secundario de peli de Tim Burton que este ritmo de vida de puteado me impone, me decidí a ir a torrarme al solarium del polideportivo del barrio, que, sea dicho, también esta de puta madre ya sea para correr un rato, o pasar una tarde de parquecillo y audiolibro (que uno se cultiva, sí, pero con unos límites). A los soplapollas del palito de golf del Decatlón mejor ni los menciono.





Despojado de mi tishert los rayos solares incidían sobre mi fina piel haciendo resplandecer mis recién descubiertos abdominales inferiores (sí señor, tenemos seis, ahora y sólo ahora entiendo aquello de llamarlo six pack), porque, y aquí me vais a permitir que me detenga, está mal que yo lo diga pero esto de batir mi récord de permanencia en el gimnasio me ha convertido en un gallardo mozo*. Que no quiera dios que aprenda a desdoblarme astralmente porque una noche de estas aquí va a ocurrir una desgracia.



*[Grandes figuras de la historia como David Bustamante o Angie de Física o Química grabaron a fuego en mí la impronta de que la modestia es una mierdaza con la que, a día de hoy, no se va a ningún sitio]





El caso es que aparecen dos criaturas de unos 7 y 12 años empujando una bicicleta y se acercan al zorrón rubio que yace casi a mi lado ¡llamándola mamá! La verdad es que a la compañera había que reconocerle que estaba pero que muy buena. Desde luego, viendo a los críos, a mí no me salían las cuentas. Una de dos, o eran producto de dos embarazos no deseados, ambos anteriores a los 15 años que lo veo poco probable estando fuera de mi Cuenca natal, o la tía era todo un caso típico de “ole mi coño parturiento, que a los quince días de parir al segundo ya estaba haciendo el paso del “ángel del infierno invertido” en la barra americana.





El caso es que uno de los churumbeles abre el boquino haciendo que la Magia Disney llene el lugar. Yo, oliéndome el percal, echo mano al botoncito de parar la ipó safle y dejo a la Sara da Pin up -o a algo peor estaría sonando- con la palabra en la boca.





Llegados a este punto me limitaré a describir la conversación con pelos y folículos. Sabe god que soy incapaz de aprenderme un número de teléfono aunque me vaya la vida en ello, pero que tratándose de temas casposos puedo memorizar un diálogo de 20 páginas en Arial 12 con un margen de error del 0,8% décima arriba, décima abajo.





Mamá, vámonos a casa. Hace mucho calor.



Id a jugar un rato, anda.



Pero es que además Javi va con la bici y yo me canso corriendo detrás de él como un imbécil.



Javi, dejad la bici aquí e iros un rato por ahí, anda.



¡Pero mamá que hace muchísimo calor! es que son las tres y media y en casa de papá*…



*[¿Y los niños? ¿Porqué nadie piensa en los niños?]



A ver, coge la bici y me dejáis un rato.



Pero dentro de media hora nos vamos.



Vale.



¡Media hora! ¡en media hora estamos aquí!



Que sí.





A los 25 minutos las criaturas, que vendrían de cobijarse bajo la sombra de alguna higuera, vuelven a entrar en escena dando severas muestras de deshidratación así como de crispación creciente. 25º a la sombra tirando muy por lo bajo.





¡Media hora! Vámonos.



Mamá aquí no hay quién esté.



¡Mamá!



¿Qué? ¿qué? ¿qué? Pero que pesados por dios.



Mira, media hora más y tienes el ordenador.



¿Me pagas la reparación completa del ordenador?



Que sí, pero callaros.





Los críos se sientan a su lado a contemplar en silencio el espectáculo de la naturaleza de su madre poniéndose negra.





Mamá en vez de la fuente esta tenían que haber puesto una piscina ¿a que sí?



Ya, pero esto se llenaría de gente. A no ser que pusieran una entrada muy cara.





Mamá te quería comentar una cosa.



Ahmed*,No me comentes nada, luego me lo cuentas.



Sabes lo que nos va a hacer el profesor de matemáticas. Ha cambiado el último tema y para el exámen…



Te pago la reparación, 25 minutos callados… Y TOMANDO EL SOL.



Y te tienes que echar el flequillo para atrás.





Un apunte para los que no tengáis el dudoso gusto de conocerme personalmente. Dada mi desproporcionada filia hacia situaciones de cañifilia extrema como la que hoy nos ocupa; entenderéis que, llegados a este punto, mi animal-tótem-guía-espiritual estaba con los pantalones por los tobillos y los ojos en blanco. Pero, queridos amigos, aún quedaba mucho barro en el que revolverse.





*Ahmad, Ahmed, o alguna bizarrada así le habían puesto a la criatura, lo que me hizo deducir que cuando nació mamá estaba decidida a no dejar para más adelante la tortura de su primogénito. Por el nombre su padre trabajaba en una embajada o en un puesto ambulante de Calcuta, una de dos. Me inclino por lo primero porque los críos iban ataviaos con sendos polos tirando a pijín, DE COLOR OSCURO por supuesto, que los críos tienen que estar elegantes en un parque a las 4 de la tarde.





Pues ahí que los tenías, vestidos de domingo y con los náuticos puestos uno a cada lado de su madre, esperando a la muerte en decúbito supino. El pequeño, del que se podía decir que ya era todo un superviviente, se cubría hasta la cabeza, cual niño saharaui pero sin moscas, con el vestido de su madre, intentando evitar en lo posible el contacto directo con el sol. Igual no os hacéis la imagen, pero se tapaba igual que los beduínos cuando los de Nacional Geographic les hacen cruzar el desierto a cambio de una game boy o un reloj de pulsera.





De vez en cuando conseguía controlar la risa y giraba la cara para contemplar la escena y empaparme de este momentazo místico, encontrándome siempre con la mirada del menor de los chavales clavada férreamente en la mía. Pareciera que sus ojos me implorasen una llamada a los servicios sociales de la Comunidad de Madrid. Estas son sólo algunas de las posibilidades que se me ocurren sobre qué pasaba por la cabecita recalentada del pobre chaval:





-Si esto te parece de coña deberías ver como nos trata en casa.





-¡Pelo en los pezones! ¡tiene pelo hasta en los pezones! y vaya shorts que me lleva ¡Este tío es julandra!, pero fijo, vamos.





-¿Pero de qué se ríe este desgraciado? Esto no tiene maldita gracia. Todo el mundo debería saber, aunque sólo fuese por un tiempo, lo que es crecer bajo la tutela de esta puta arpía.







¡Pero bandido! ¡tú no estás tomando el sol! Echa la cara hacia el otro lado, así, y tu échate el flequillo para atrás, hombre.





Y allí estábamos los cuatro estiraos aguantando el tipo. Hay que decir que lo de las criaturas tenía un poco más de mérito porque, además de mi crema de factor 25, la madre llevaba tal capa de unto que hacía que, cuando cerraba los ojos, me viniese ese olorcillo a playa de Castellón en julio que es una mezcla entre sal y protectora de Nivea.





Llegados a este punto, no se si por culpa del sol, mi voz interior me susurraba en plan soporífero “Las leonas del kalahari como Bimba hacen todo por sacar a sus crías adelante. Si la comida escasea recorren distancias de hasta 25 kilómetros para encontrar comida para alimentarlas, arriesgando su propia vida”. Lo mismito que la rubia. Ni que decir tiene que de levantarse a compartir su crema solar con las criaturas, nada. Las leonas no pueden dar crema protectora con esas zarpazas. De hecho el único movimiento que hizo en toda la escena fue girar la cabeza para pillar al pequeño tratando de ¿SOBREVIVIR? oculto bajo su ropa.





Más allá de esto, poco. Un par de veces más mandándolos callar y, esta vez sí, cumplido el plazo estipulado uno de los críos volvió a implorar clemencia al ángel de la muerte, ésta se vistió diciendo entre dientes “aún quedaban cinco minutos” pero cumplió. Se puso el vestido y se alejó tarima adelante con lo poco que quedaba de sus hijos arrastrándose detrás. Según se iba alejando su figura de femme fatale se iba desdibujando entre las llamaradas de calor que salían del suelo.



Y si he exagerado un ápice que se me coman los ojos los gusanos. Amén.

12 comentarios:

Joserra busca su sitio dijo...

fan, soy fan. Será hija de puta!!
Las madres son seres malos por naturaleza, se vengan de nosotros por los dolores parturiales de maneras bizarras y dolorosas. Nos dejan al sol, nos lavan y encojen las camisetas que mas nos gustan, nos dicen que las coles de bruselas son buenas... en fin. Yo quiero ir a tomar el sol contigo, que te pasan unas cosas...
Vuelvo a ser lector y con mucho gusto, pero reconozco que algunos post son autenticas genialidades que golpean la inteligencia del lector. ;)

Juan dijo...

Probablemente se deba a mi escasa inteligencia, pero la primera frase-párrafo (sí, la de tres líneas) no es computable por mi cerebro ni siquiera después de leerla cinco veces (dos de ellas en voz alta). Así que imagínate lo que le va a costar al resto.

Con todo mi amor (esto es, poco, que no estamos para dispendios)

Pamplinero

Juan dijo...

Ah, y lo demás muy gracioso, muy bueno y muy abundante, aunque de pan un poco escaso.

Pamplinero

Juan dijo...

Y yo estoy con la madre cienporcién.

El de antes.

Juan dijo...

Yo también estoy con la madre.

Juan dijo...

Y yo.

Juan dijo...

La madre, la madre, la madre es cojonuda, como la madre no hay ninguna.


Espero que los comentarios los tengas suscritos aun lector de feeds y te lo esté saturando, si no vaya gracia.

alakazaam! dijo...

Nosotras también estamos con la madre.

strange dijo...

cuando seas madre, comerás huevos...
en tu caso supongo que ya los comes...guarro!

strange dijo...

yo estuve media hora con los sobrinos de Santi en un parque y decidí que no quiero descendencia, que mola más jugar de vez en cuando con los churumbeles de los demás...soy la tía María

alakazaam! dijo...

Te voy a preñar te pongas como te pongas, pelirroja.

pepewarren dijo...

pues yo estoy más con tus abdominales, sinceramén