Perdido en una maraña
de historias sin terminar
me siento en una terraza
para ver almas pasar.
Niños que se descubrieron
adultos al despertar
cautivos de sus corbatas
y su horario laboral
arañan unos segundos
mientras van a trabajar
para volverse pequeños
para volver a soñar.
Impone su hechizo rojo
el semáforo implacable,
y otra vez las almas menguan
suspendidas un instante:
un astronauta frustrado
niñitas que hoy son mamás
se mezclan entre la gente
mientras van a trabajar
para volverse pequeños
para volver a soñar.
Impone su hechizo rojo
el semáforo implacable,
y otra vez las almas menguan
suspendidas un instante:
un astronauta frustrado
niñitas que hoy son mamás
se mezclan entre la gente
que espera para cruzar.
El verde y el caminar
les devuelve a su rutina
de olor a café y bostezos
de luz turbia de oficina
y conducen,
y procesan,
y asfixian esta ciudad
y caminan muy deprisa
sin saber a donde van.

