26 de julio de 2007

Decálogo del cartero aficionado

1.- Temerás a las facturas de Iberdrola sobre todas las cosas (son un huevo) y correrás despavorido delante de los perros. Sí, era verdad. Algo tendrá el amarillo puñetero.

2.- A la pregunta ¿Nene, traes cartas para mí?
Jamás responderás –¿señora quién coño es usted?, ni pero oiga, ¡si no le he visto en mi vida!.

3.- Aguantarás la sonrisilla de yamejodería al entregar una multa de tráfico (aún trabajando en ello).

4.- Por muy adorable que sea esa ancianita debes hacer que firme su notificación de embargo de cuentas (esto en tu primer día, toma). Un cartero no tiene conciencia, tiene un carrito de la compra amarillo, y punto. Por cierto, me siento Dios con ese pedazo de carro modelo “sísí ponme las naranjas que aún me sobra sitio”, y soy la envidia de todas las señoras de bien los días de mercao en la plaza.

5.- Evitarás la euforia y los comentarios inapropiados sobre los recibidores visitados. Tampoco está permitido tomar fotos.
Delfina se llama así por su abuela, no porque sus padres fuesen hippies, e ignora quién es el MOMA ese, ni por qué tendría interés en pagarle una millonada por sus cosas. Ya sabe que su tapete de ganchillo es total, total, total, por eso lo pone; y sí, ese cuarto de estar “va en serio”.

6.-Que no, ¡que no se pueden hacer fotos!.

7.- Serás respetuoso con los entuertos de consanguinidad en las aldeas. El amor lo puede todo. Si los Serrano pueden, los Coso del Coso del Coso del Coso también.

8.- Rellenarás hasta la última de las casillas por minúscula que sea.

9.- Si cabe un matasellos hay que matasellarlo.

10.- Adivinarás por ciencia infusa el destinatario de una carta sin:

calle y/o
número y/o
nombre

o bien un domicilio sin:

número y/o
placa de la calle Y
etiqueta del buzón, (siempre en blanco o con el nombre del fabricante en su defecto)


11.- Y porque yo lo valgo.
Jamás cabrá confusión alguna entre la correspondencia de esas vecinas que pese a vivir puerta con puerta y compartir número NO SE DIRIGEN LA PALABRA (esto es impagable, como estoy disfrutando, payo).

21 de julio de 2007

Paella






Hecho el sofrito añadió el caldo, y justo antes de poner el arroz, rompió a reír.
No había razón ni pensamiento alguno que anotase la causa de tal pronto. Simplemente reía.



Después de sesenta y tres años sobre el planeta, de haber criado cinco hijos y visto morir a otros dos -uno de ellos a los veinticinco, de accidente de tráfico, el otro apenas a los quince días de vida, por una malformación de huesos-.
Después de fregar escaleras, recoger ajos, zurcir, llevar la portería...
Después de amar.
Después de dejar su aldea para buscar un futuro, vivir durante veinte años cerca de la capital, y finalmente volver a los orígenes.
Después de los buenos momentos, de trabajar sin descanso y de llorar mucho.
Después de ver nacer a su cuarta nieta.
Después de enterrar a su Paco del alma, al que seguía hablando cuando nadie podía verla, pasados cinco años y cuatro meses justos de su entierro.
Después de "Volver", de Gardel y de "Tatuaje" de Concha Piquer.
Después de esta cuarta operación de cadera, que tanto da la lata. De la vesícula, el colesterol y la tensión descompensada.
Después de sentirse sola, sentirse joven, sentirse vieja, sentirse querida, sentirse sola.



Después de todo. Simplemente reía.

17 de julio de 2007

La Curva de los Novios

Buenas, discupad el testamentaco. Es un fragmento relatero que me salió esta semana.

Para los interesados la curva de los novios existe realmente, pero casi hay que coger ticket...

Un saludo

Él trabajaba en una fábrica de puertas de ascensor. Raro era el día en el que, con las extras, trabajaba menos de diez horas. Ella dejó de lavar cabezas cuando estaba embarazada de la pequeña, y ahora se dedicaba a cuidar a la niña que, como ella misma solía decir, ya era suficiente trabajo.
–Una cosa tan pequeña y la faena que da- repetía Yolanda a quien estuviese presente mientras jugaba con las piernecitas del bebé tras cambiarla el pañal o mientras la secaba del baño.
–Le encanta chapotear, si vieses como me puso el cuarto de agua ayer mismo. Es la única manera de que se quede tranquila, ahora le doy el biberón y cae redonda antes de acabárselo- contaba a las visitas vespertinas. Raro era el día que, aparte de su madre, no pasaban a visitarla antiguas clientas, alguna vecina o la prima de Manuel.

Era la suya una de esas casas nuevas, con gotelé en las paredes, láminas de paisajes en estrechos marcos y un tresillo color salmón en el salón. Yolanda fue siempre partidaria de la pared lisa, pero tratándose de un piso de protección oficial nunca comentó nada y se mostró encantada desde el principio con la vivienda que les asignaron, dadas las buenas condiciones en las que lo consiguieron. Sin embargo Manuel nunca llevó bien el no tener un cuarto extra para sus cosas, ya que desde el principio reservaron el otro dormitorio para los niños que viniesen, y sólo durante algo menos de un año la habitación sirvió como cuarto de la plancha, trastero eventual y gimnasio improvisado.
Por esa razón, las maquetas de avionetas antiguas a las que Manuel era tan aficionado adornaban las baldas más altas del cuarto de estar, e incluso en la cómoda del dormitorio podían verse dos de sus más preciadas. Desde casados tuvo que dejar su afición algo más que apartada, y es que tanto la entrada del piso como la boda dejaron una economía familiar algo más que apretada, y que una vez nacida la niña acabó definitivamente con todo gasto excepcional que no tuviese justificación.

Yolanda y Manuel se querían, lo sabían y además estaban dispuestos a ser tan felices como el día a día y las circunstancias les permitiesen.

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A la curva de los novios se llegaba por la antigua carretera, y quedaba muy cerca de la autovía, flanqueada a ambos lados por terrenos de cultivo. Se llamaba así porque unos recién casados se mataron allí en pleno viaje de novios, allá por los años setenta.
Sus familias les construyeron allí una especie de mausoleo muy sencillo con una lápida que recordaba sus nombres y una especie de jardín silvestre y abandonado con un par de arbolitos, donde por Mayo las flores que nacían daban algo color haciendo el lugar algo menos agreste y abandonado. El escaso recinto estaba rodeado en su totalidad por un cercado de maderos y obra.

Con la construcción de la autovía la antigua carretera pasó a convertirse en una vía de servicio y zona de paso agrícola. Desde entonces el rincón apenas puede verse unos segundos desde la nueva vía, en caso de conocer la ubicación, dada la mayor velocidad de los coches y el terreno inclinado. Sólo los lugareños siguen recordando la historia, y mencionan con tal nombre al paraje.
El lugar se había venido convirtiendo desde años atrás en el lugar ideal de retiro nocturno para algunas jóvenes parejas deseosas de encontrar un refugio en que, no poseedores de lugar mejor que un coche, llevar a cabo sus encuentros furtivos ajenos a miradas curiosas y más molestias de las forzosas.

(tubí continuí)

13 de julio de 2007

Cuarenta y ocho





¿Cuarenta y ocho? hija, ¡eso es casi el doble de tu edad!.




- Tu padre tiene razón, Thais, podría ser tu padre...-




De ninguna manera permitiré que mi única hija eche por la borda todo el esfuerzo que hemos dedicado a educarla. Este té sabe a... ¡rayos; Bernarda! prepare inmediatamente un té como Dios manda.




-Pero papá, él es el hombre a quién quiero y será con el con quién me he de casar, ¿por qué os oponéis así a que sea feliz?.




-Hija,¿qué pensabas que íbamos a decir?, tu madre y yo nos hemos desvivido por llevarte a los mejores colegios, con los mejores profesores, jamás hemos reparado en gastos para que llegases a ser la señorita de provecho que eres hoy, y ahora nos vienes con la nueva de que vas a casarte con un... ¡un viejo! del que no sabemos nada, y que apenas conoces desde hace cuatro meses.




-Siete meses, papá, y es el hombre de mi vida. Felipe me...




-¡Paparruchas! no vas a casarte con ningún viejo playboy cazafortunas.




-¡Por favor, Julio!. Cariño, niñita de tu madre, no puedes casarte con un cualquiera, ¡y con esa edad!. Qué crees que dirían en el club o en la parroquia si se enterasen de semejante escándalo. Seríamos la comidilla, ¡no se hablaría de otra cosa!.




-Pensábamos casarnos en una capillita preciosa en...




-Pero Julio, ¿Tú la escuchas? ¡en una capilla! ¡la hija mayor de los Vallejo casándose en una ermita!




-Mamá, es una capilla encantadora situada en una colina desde la cual pueden verse todos sus viñedos. Felipe es un hombre maravilloso, cuando le conozcáis os parecerá el yerno ideal.




-¿Viñedos, has dicho?




-Sí, papá. Es el propietario de las bodegas Cadalla, en la Ribera del Duero.



-Así está mejor, Bernarda. No vuelva a descuidar el té a su suerte en el fogón. Un té recalentado es un té desaprovechado.

-Sí, señor Vallejo.




-Thais cariño, ¿y de capacidad para cuántos asistentes estamos hablando en la capilla?.

7 de julio de 2007



Prendí fuego a todo mi pasado
sólo por darme el gusto de ver uniformes
y conforme veía arder lo que un día era
me sentí en cierta manera liberado.

Me casé con la dicha y faltó tiempo
para ponerle los cuernos con cualquiera.
Como yo, no era de únicos amores
la primera que pasó -y cobró por horas-.

No las escucho quedarse casi nunca
aunque las vea venir de vez en cuando
suelo olerme cuanto queda de función
(los bises los adivino con la gorra).

Cada noche, fiel, le aúllo a la Luna
con las consecuencias que tiene trasnochar
si me quieres conocer lo tienes fácil:
estoy el último en la cola del pan.